CUANDO LA POESÍA ME ABANDONA
Cuando la poesía me abandona,
todo se vuelve gris y anodino,
parece que ese día no habrá salvación,
mas de repente uno empieza a mirar afuera
la luz sepia de una mañana cambiante,
sale a la calle recién estrenada,
respira el frío aire de apariencia límpida,
pasa bajo el árbol mágico, tal vez centenario,
que tanto le gusta,
acierta a tomar un café con otros desesperados,
y, tras una conversación banal,
comprende que la vida es una sucesión magnífica
de poesía y ausencia de ella,
la creación de espacios de necesidad
para ser satisfechos.
Uno mira el rostro de los transeúntes
intentando adivinar su felicidad o su ética,
se reconoce en gestos de ausencia lívida
o de presencia sonriente,
sabe que tras toda apariencia hay posibilidades
enormes de variabilidad:
secretos inconfesables, amor, miedo,
el catálogo completo de la existencia humana
tan creativa, tan capaz de rellenar todos los niveles,
independientemente de las circunstancias,
y ahí fluye de nuevo toda la poesía,
toda la capacidad de concreción que te posee,
un halo rutilante, una apertura de tu espacio mental
capaz de predisponerte hacia la insoportable comprensión
durante unos minutos de un mundo arcano;
eres un héroe para ti mismo,
despliegas una energía que no controlas,
sabiendo que te dejará exhausto, mas satisfecho.
Sospechas además que ella podrá comulgar contigo
durante unos minutos en esa luz hallada
que expandirá todos tus versos
cual esponja recién humedecida,
dotándolos de vida, convirtiendo tu resurrección
en una explosión de alegría, un orgasmo neuronal
que te retroalimenta y te nutre y te ensancha
hasta límites indescriptibles.
Vidas encerradas en vidas,
muñecas rusas desnudándose indefinidamente,
el vaivén de cambios de rasante suaves,
al abstraer tus actos, tus posibilidades, tus poemas,
en la contemplación, alejado de ti mismo,
de tus propios actos mundanos,
como si existieras doblemente o ya no existieras,
en una plenitud vital, en una ecuación perfecta..
24-X-2012