ECOS DE UN POEMA

  Ecos de un poema sentido, no escrito:
  lágrimas producidas por el viento frío
  recorriendo sobre la moto nueva
  los lugares de mi infancia,
  cabalgando sobre los recuerdos
  en la hora ya pasada de su muerte.
  Estas lágrimas disimulan las otras,
  las no vertidas, esas que se resisten a brotar,
  que provocan no obstante en mí, calentura,
  un hondo dolor que intento alejar.
  El contraste de la actividad infantil
  más algunas grietas abiertas
  que el difunto deja tras de sí
  parecen excusas mentales suficientes
  para escudarme tras ellas,
  mas la realidad se impone convirtiendo
  el pasado en un imposible presente,
  convirtiendo su presencia en una imagen
  deseada; su voz, su risa, su complicidad,
  sin haber merecido nada,
  tan solo por la aureola o por la sensación
  que la vida personal a veces emana
  y que observas sin comprender,
  mas atesoras o comparas
  agradeciendo la atención, el gesto, el tiempo dedicado.
  En un instante todo se ha desvanecido:
  uno llega al calor de la lumbre paterna
  y las lágrimas se han secado,
  los problemas infantiles lo anegan todo,
  abrazos, caricias, balbuceos…
  Vuelve la vida cotidiana lejos de allí,
  todo es efímero y todo ha sido celebrado.

14-XII-2011