UNA MUJER HERMOSA

Una mujer hermosa, inclinada entre los transeúntes,
contempla con ojos tristes a su perro;
un acordeonista teclea aires muy conocidos
a cambio de unas monedas que no llegan.
El cielo está gris en este lugar y suele llover.
El mar y la primavera rescatan y alborozan,
moviendo masas de gente por pura inercia,
siguiendo los dictados de una lógica consuetudinaria
que ya no cuestionan ni evalúan.
Tras un golpe de calor
los insectos campan por doquier,
se enseñorean del espacio husmeándolo todo.
Huele a yodo marino, a flores libadas por abejas
laboriosas, a heno en sazón,
mas todo está cubierto de la pátina plomiza
celeste, de una bruma que se resiste.
Gritan las gaviotas, excitadas tal vez
por la abundancia de comida, muge una vaca,
ruge el mar sobre los acantilados
convirtiendo el silencio en ruidos campestres,
naturales. Uno se siente aislado y mínimo,
mas el pensamiento lo abraza, envuelve y protege,
sabiéndose epicentro del propio mundo,
de sus cuitas, su trabajo, su familia,
en un orden a la vez protector y necesario.

                                                             13-V-2012