LA SERPIENTE

La serpiente se retuerce lúbrica y seductora,
busca con su boca el falo enorme
que la espera impaciente, la atrae
en un juego voluptuoso de lentitud.
Los ojos muestran una sumisión
negada sibilinamente por su cuerpo férreo
en un juego de falsa dominación.
Brillos, sudor, la temperatura ideal,
sonidos aún sin ritmo, en el silencio
de los roces corporales.
Se retuerce, lúbrica y seductora,
en una espiral de sangre caliente,
todos los sentidos expectantes
ajenos a cualquier peligro exterior.
La serpiente se apacigua un instante,
parece sentir dolor,
antes de cabalgar desaforadamente
sobre su presa, su alimento, su verdugo.
Una conjunción esperada por ambos
los funde en una eclosión de energía
que paraliza sus mentes, vibración absoluta,
la muerte común prevista y necesaria.
La serpiente absorbe cada fluido,
exhausta y satisfecha, orgullosa
de su resurrección y su gloria infinita.

13-20 -VI- 2012